Entre las innumerables ventajas del tvBook, incide Thomas A. Works ante una audiencia obnubilada, está la posibilidad, hasta ahora jamás explorada, de la desinhibida inserción publicitaria entre bloque y bloque de texto, sea este sintagma, párrafo, capítulo, diálogo, estrofa, poema o verso. Si hasta la fecha solíamos escuchar que el cine intenta imitar la literatura, lo cierto es que el tvBook sitúa esta percepción justo en el extremo opuesto: es la literatura ahora la que irremisiblemente acabará por emular al cine, y aun más, a ese desarrollo del séptimo arte que es el cine en televisión e Internet, o lo mejor de ambos mundos: el consumo del producto literario bajo demanda. Ejemplo: anda usted por el capítulo dos de esta o aquella novela, y de pronto se le regalan siete minutos de desconexión publicitaria. Disfruta usted del Canto general de Neruda, y entre «Sube a nacer conmigo, hermano» y «Dame la mano desde la profunda / zona de tu dolor diseminado», resulta agraciado con un interminable bloque de anuncios. ¿No es extraordinario?, exclama Works ante esa audiencia embelesada que aplaude a rabiar en cuanto se comunica la exhibición del primer prototipo. Eso sí, pero será –sonríe cómplice el magnate– tras una generosa pausa para la publicidad.
Un saludo,
Manuel M. Almeida
