Cada cuatro turnos coinciden. Solo unas horas por la mañana. Martes y viernes. Él la observa desde la grúa en los pocos, uno o dos, descansos que ella aprovecha para fumar o acercarse al kiosco de enfrente. En sus pupilas, grabada como una obsesión, esa atractiva instantánea de chica morena, pálida y nerviosa, que fuma en la esquina. Mujer delgada intermitente. Amor de cinco minutos, «la vida es eterna en cinco minutos». La próxima vez le hablará. Descenderá sonriente por la escalera metálica y la abordará allí mismo, a las puertas del call center. Quizás ella también se habrá fijado en él, el chico moreno, pálido y nervioso que la observa desde la grúa. Quizás puedan quedar. Tras el turno del viernes. Tal vez libre esa noche. Tal vez la enamore. Tal vez puedan quererse y pueda acompañarla al trabajo cada mañana. Tal vez se esperen ansiosos a la salida. Tal vez… Es viernes y no la ve. Esquina desolada. Mujer ausencia. Desciende y pregunta. Despido procedente. Amor temporal. Minilove. ERE.
Un saludo,
Manuel M. Almeida
