Canto de sirena,
piedra mitológica,
filo de mujer
que corta el agua.
Voz de alarma,
silbo de emergencia,
punta del aullido
que agita las ciudades.
Ven, me dice,
ven,
desde su ternura pétrea,
como si enfermo o ladrón,
como si calcinado.
Pide paso hacia mí,
yo marinero absorto
frente a su impecable perfil
de atleta pez
sincronizada.
Atado
y bien atado estoy
al mástil de mis temores.
Si roca, esquina
o reclamo.
Si diosa o diabla.
No sé.
Cierro los ojos, inmune
al hechizo
que brama en la bañera.
Ignoro la tentación
al fin
y mantengo firme el rumbo
y mantengo firme el rumbo
hacia ninguna parte.
Imagen: ‘Ulises y las sirenas’ (Herbert James Draper, 1909)
